Dispatches es un boletín electrónico quincenal de la Oficina del JRS Internacional. Contiene un resumen de noticias sobre los refugiados, notas de prensa, reportajes y actualizaciones de los proyectos enviadas por nuestra gente sobre el terreno.


  República Democrática del Congo (RDC): se necesita urgentemente más ayuda alimentaria

 
Un grupo de mujeres y niños desplazados esperan para entrar en la escuela de Mugunga donde han buscado refugio del conflicto armado. Goma, República Democrática del Congo. (Danilo Giannese/JRS)

 
Las condiciones de vida de la población desplazada en Mugunga son extremadamente precarias.  

Goma, 16 de mayo de 2012 – Cuando la conocimos, Faida Zahir, de 38 años, se encontraba amamantando a Dorica, su hija de un mes. Estaba sentada en una banca de una pequeña iglesia protestante en Mugunga, a pocos kilómetros de Goma, la capital de Kivu Norte. Dorica y su madre estaban entre las 500 familias que encontraron refugio en la iglesia y en la escuela de primaria vecinas.

Habían huido de los duros combates entre el ejército congoleño y cientos de desertores leales a Bosco Ntaganda, un ex general reclamado por el Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra y contra la humanidad.

Los desplazados internos en Mugunga se lamentan por la casi total falta de ayuda humanitaria, especialmente por la distribución de alimentos. Las condiciones de vida de la población desplazada en Mugunga son extremadamente precarias.

"La última vez que comí fue una pequeña mazorca hace 24 horas. Unos amigos que viven cerca me dieron la comida, que tuve que compartir con mis siete hijos. ¿Pero cómo puedo seguir viendo a mi familia pasar hambre?" dice Faida.

Faida ha estado viviendo con los desplazados en Mugunga desde finales de abril. En Kashebere, donde vivía, tenían un pequeño pedazo de tierra que cultivaba y una casa donde podía atender a su familia. Los combates entre el ejército y los rebeldes se lo llevaron todo, incluso a su esposo, dejándola sin nada.

"En estos momentos, no podemos pensar en regresar a nuestra aldea: el área está llena de cadáveres, los hogares destruidos y aún no se ha restaurado la seguridad", explica mirando al suelo.

Urgente distribución de alimentos del JRS. El pasado 8 de mayo, tras la última oleada de desplazados en Kivu Norte, el JRS distribuyó cinco toneladas de maíz, dos toneladas de alubias y 250 kilos de sal para las cerca de 1.100 familias que aquel día estaban en la iglesia y en la escuela.

"Aparte de la distribución del JRS, nadie ha venido para traernos comida. Buscábamos algo que hacer, pero es realmente difícil. Pasamos hambre", dice Masalio Chamolo, presidente de la comunidad desplazada.

"Dada la excepcionalidad de las circunstancias, decidimos hacer frente y responder a las grandes y urgentes necesidades de esta población. Ahora, sin embargo, esperamos que entren en la categoría de campamentos reconocidos por la ONU donde puedan recibir ayuda oficial", explicó Romeo Cagatin svd, director del JRS RDC.

Desde la distribución del JRS la semana pasada, la cifra de familias ha caído en picado, ya que muchos de ellos han podido regresar a sus aldeas, no muy lejanas a Mugunga. Las familias que quedan, según los planes adoptados por las autoridades provinciales, deberían poder trasladarse a Mugunga III, el campamento oficial de la ONU, donde viven más de 2.000 nuevas familias desplazadas (en total, casi 9.000 personas) que, recientemente, se unieron a las 565 familias que han estado allí alojadas desde hace años.

Se espera que en las próximas horas se anuncie un plan oficial de asistencia de la ONU, que incluiría la distribución de galletas energéticas, leche caliente y otras necesidades básicas.

Gracias a un acuerdo con el director de la escuela de primaria Lac Vert, 120 niños desplazados podrán asistir a la escuela. El JRS ha trabajado para garantizar que estos niños tengan materiales escolares, como cuadernos de escritura y lápices. Sin embargo, los niños desplazados de Mugunga III aún no han podido regresar a la escuela.


Kenia: somos los que cuidan de nuestro hermano

 
El JRS ha estado ayudando a los refugiados urbanos en Nairobi desde 1991. El Programa de Emergencia Urbana del JRS responde a las necesidades urgentes no cubiertas de los recién llegados, solicitantes de asilo y refugiados en circunstancias vulnerables a través de las parroquias de las áreas suburbiales y de bajos ingresos. Nairobi, Kenia (Peter Balleis SJ/ JRS)

 
He escuchado plegarias por la paz en todos los países con refugiados, plegarias por las elecciones en Kenia y plegarias por los enfermos.  

Nairobi, 25 de mayo de 2012 – Siempre es posible encontrar un rayo de esperanza, incluso cuando la vida parece insoportable. Este es el mensaje que escuché de un grupo de refugiados urbanos en Kitengela, Nairobi. Los miembros del grupo mostraron su compasión por los otros en sus reuniones quincenales para rezar y darse apoyo moral. Encarnan el concepto de ser 'el que cuida a su hermano'.

Cambio urbano. Con el coste de la vida cada vez más alto en Nairobi, los refugiados urbanos se mudan a nuevas áreas, cada vez más alejadas del centro de la ciudad. Kitengela, a 30 kilómetros de Nairobi, es una de éstas. Entre los beneficios de vivir aquí están los alquileres baratos y la posibilidad de encontrar un empleo en la construcción  ya que el área se está desarrollando rápidamente.

Sin embargo, no hay servicios para los refugiados y la gente se ve obligada a viajar a Nairobi para acceder a los equipamientos de las ONG. Sólo hay dos escuelas subvencionadas por el gobierno, así que los refugiados tienen que caminar cinco largos kilómetros cada mañana. La gente local se enfrenta a los mismos problemas. La zona era antiguamente un terreno de una comunidad de pastores con apenas servicios públicos.

Estos retos, sin embargo, han unido a la comunidad refugiada. El pasado mes, fui a un rezo en Kitengela, en el que participaron 40 refugiados. Para estos, la oración es su fuente de fortaleza. ¡Tienen tantas necesidades y esperanzas! Y la oración es una manera de atender a sus apremiantes necesidades a través de Dios. He escuchado plegarias por la paz en todos los países con refugiados, plegarias por las elecciones en Kenia y plegarias por los enfermos.

Después de rezar, los miembros aportan algo de dinero a un fondo para los más necesitados del grupo. En su informe, el presidente dijo que el dinero del último encuentro se utilizó para visitar a una anciana en el hospital y que ella ya se ha recuperado del todo. Para mí eso fue un momento extraordinario ya que, incluso con todos sus problemas, los refugiados se cuidan los unos a los otros.

Hospitalidad keniana. Me sorprendió ver que dos mujeres kenianas del lugar acuderon al encuentro. Mary ha estado viniendo a los rezos periódicamente y la conocen  con el afectuoso nombre de 'Nuestra Mama'. Aquel día vino con una amiga suya. Fiel a su nombre, trajo unos grandes sacos de alubias y maíz para donarlo al grupo. Mary se regocija de estar con el grupo y dice que esta es la única manera que puede compartir sus desafíos cotidianos.

"No sé cómo sobreviviría si me encontrase siendo refugiada en otro país, por eso siento que debo ser generosa con los refugiados", explicó.

Al final del encuentro los miembros rezaron el Padre Nuestro cogidos de la mano en señal de unidad. Fue una escena maravillosa y un signo de esperanza tanto para los refugiados como para la comunidad local.

Irene Waweru, directora de proyecto, Nairobi, Kenia


Sudán del Sur: los estudiantes de las escuelas del JRS consiguen las puntuaciones más altas

 
Un maestro imparte clase en una escuela primaria en Palwar, cerca de Lobone. La formación de docentes es una de las principales actividades del JRS en Sudán del Sur. (Christian Fuchs/JRS)

 
De los 880 estudiantes que se presentaron a los exámenes de 2011, doce de los 20 mejores (seis varones y seis mujeres) procedían de escuelas apoyadas por el JRS.  

Sudán del Sur, 29 de mayo de 2012 – Muchos de los alumnos que han alcanzado los mejores resultados del país vienen de las escuelas apoyadas por el JRS, según las evaluaciones publicadas recientemente por el Ministerio de Educación General e Instrucción (MoGEI) de Sudán del Sur.

Los resultados de 2011 del Certificado de Educación Secundaría de Sudán del Sur (SSCSE), presentadas el 20 de abril, revelaron que seis de los primeros diez mejores estudiantes provenían de escuelas apoyadas por el JRS, y que 72 de los 100 primeros también eran de estas escuelas. Además, siete de las diez colegios con mejor puntuación estaban apoyados por el JRS.

El excelente rendimiento de estos estudiantes constituye un importante paso adelante en el desarrollo del sistema educativo del país más joven del mundo, que anteriormente dependía en gran medida de los exámenes en los países vecinos: Kenia, Uganda y Sudán.

De los 880 estudiantes que se presentaron a los exámenes de 2011, doce de los 20 mejores (seis varones y seis mujeres) procedían de escuelas apoyadas por el JRS. La escuela de secundaria de Fulla, en Nimule, fue considerada la mejor por sus resultados, y el candidato con la mejor media de puntuación, 11,17 (sobresaliente bajo) procedía de la escuela de secundaria Magwi, en Lobone, ambas reciben el apoyo educativo integral del JRS.

"El JRS ha instruido a algunos de nuestros profesores en la programación de lecciones y en la preparación de los esquemas de trabajo. Mi escuela recibe material escolar del JRS. Estos servicios han contribuido a mejorar los resultados de nuestros alumnos", dijo el jefe de estudios de la escuela de secundaria de Lobone, David Machar.

Los resultados también mostraron mejoras en algunos de los desafíos educativos apuntados por el presidente Salva Kiir, a principios de 2011, que incluían la ampliación del acceso a la educación y la construcción de nuevos edificios escolares. Las notas de los estudiantes también mejoraron en todo el país, según el informe del gobierno, que indica que el 67 por ciento de los candidatos alcanzaron el aprobado, en comparación con el 34 por ciento de 2010.

Una estrategia dual para la sostenibilidad. El Equipo de Desarrollo Escolar (SDT) es una innovadora iniciativa educativa introducida en las escuelas del JRS para garantizar la sostenibilidad a largo plazo. Los equipos del SDT están formados por un jefe de estudios y dos maestros de la escuela, encargados de tutorizar, supervisar y coordinar la educación básica y las actividades extracurriculares, para asegurar el desarrollo integral del centro. El Equipo de Apoyo al Desarrollo Escolar (SDST), integrado por profesionales de educación del JRS y funcionarios del condado y subregionales, brinda apoyo académico y moral al SDT.

Fomentar la asistencia de las niñas a la escuela es otra de las prioridades del JRS. Las niñas a menudo tienen dificultades para completar los cursos debido a ciertos usos culturales: el matrimonio precoz, la falta de apoyo a la educación por parte de la familia, o la falta de productos higiénicos adecuados. El JRS ha tratado de combatir la alta tasa de abandono escolar asesorando a las niñas, mediante orientación familiar, ofreciéndoles paquetes con productos para la higiene, o cubriendo las tasas escolares a algunas de ellas.

Los esfuerzos por fomentar una mayor asistencia parecen haber dado sus frutos, ya que algunas chicas han obtenido altas puntuaciones en los exámenes como resultado de su arduo trabajo y dedicación.

La tercera chica con mejores resultados de todo el país provenía de la escuela de secundaria de Kajo Keji, y el quinto y décimo mejor resultado entre éstas fue para estudiantes de secundaria de Loa y de Fulla, respectivamente. Las tres son escuelas apoyadas por el JRS.
 
Para leer la historia de Esther, una maestra de la escuela de secundaria de Fulla, haga clic aquí.

Cimientos para el futuro. El Dr. Francis Biryaho, coordinador nacional de educación para Sudán del Sur del JRS sostiene que el apoyo del JRS ha sido un factor clave para alcanzar el alto nivel de rendimiento de las escuelas. Según él, los resultados son el fruto de la cooperación entre las escuelas, el personal del JRS y los funcionarios del gobierno.

"Los resultados del SSCSE de 2012 son un don para las escuelas, y es algo a valorar de cara al futuro", dijo el Dr. Biryaho.

Presente en el país desde 1997, el JRS tiene una larga historia de apoyo a la educación en Sudán, donde ha impulsado cuatro proyectos en Kajo Keji, Lobone, Nimule y Yei.

El apoyo del JRS a las escuelas de secundaria puede incluir el pago de la matrícula, el suministro de materiales educativos, cubrir los honorarios, sufragar los costes de transporte a los estudiantes que se examinan en Uganda, formar a los docentes, el establecimiento de los equipos de desarrollo de la escuela y juntas de gobierno, entregar paquetes higiénicos para las niñas, el asesoramiento, así como la construcción y rehabilitación de edificios y el apoyo posterior a los centros.


Colombia: arte en medio de la violencia

 
Muchos de los residentes de Buenaventura son desplazados que viven en el vecindario de La Playita, en palafitos sobre el agua. Las carreteras suelen quedar inundadas por las lluvias diarias. Buenaventura, Colombia.(Christian Fuchs/JRS)

 
Nuestro objetivo es mostrar a los jóvenes de nuestra ciudad que hay personas que son más dignas de admiración que los guerrilleros, los mafiosos o los paramilitares que manejan nuestra ciudad, dice uno de los fundadores de Huellas y Rostros.  

Buenaventura, 29 de Mayo de 2012 - Entre la cordillera occidental de los Andes colombianos y el Océano Pacífico, en la región del Valle del Cauca, se encuentra Buenaventura, la principal ciudad portuaria de Colombia, pero también una de las urbes más mortíferas del país.

Pocos titulares internacionales recuerdan el conflicto en el que está sumida Colombia desde hace casi 50 años y que, en los últimos años, ha provocado el desplazamiento de miles de colombianos. Buenaventura es un lugar estratégico tanto para las guerrillas de izquierda como para los paramilitares de derecha, que tratan de controlar este enclave tan valioso para el transporte de drogas, armas y minerales. 

Buenaventura tiene una de las más altas tasas de desplazamiento intraurbano y una tasa de desempleo del 60%.

El miedo y la violencia se hacen palpables a medida que caminamos por los barrios, algo que nos confirman nuestros colegas del Servicio Jesuita a Refugiados, organizaciones humanitarias, contrapartes de la Iglesia Católica, los residentes desplazados, los líderes de la comunidad local y otras organizaciones no gubernamentales.

Secuestrados y aterrorizados. Nos encontramos con una pareja de desplazados que abandonaron su granja en tres ocasiones en los últimos once años, víctimas de grupos armados ilegales. Durante su último encontronazo con un grupo paramilitar, Don José* fue secuestrado y torturado. Su esposa, doña Diana*, entonces embarazada de siete meses, perdió a su bebé a los dos meses de nacer y echa la culpa al estrés por el trauma. Ellos siguen viviendo la pesadilla de su separación, sin poder consolarse el uno al otro.

Como explica un psiquiatra terapeuta familiar, su caso es emblemático de los traumas que aquí padecen muchos desplazados. La continua violencia y la falta de recursos para las personas afectadas impiden que estos sobrevivientes de la tortura y el trauma se recuperen plenamente, ni siquiera años después de que hayan ocurrido los hechos.

Sabemos que unos grupos paramilitares - Águilas Negras y Los Rastrojos – controlan los sectores del centro urbano de Buenaventura, mientras que los ríos y las zonas rurales que rodean la ciudad están principalmente en manos de las FARC, un grupo izquierdista armado ilegal. En las afueras de la ciudad nos encontramos con la minería ilegal, ligada a los grupos armados ilegales que ya se ha convertido en un problema endémico, causando devastación ambiental y el desplazamiento de las familias.

Se dice que el gobierno ha cerrado una mina controlada por bandas en tres ocasiones diferentes, pero la maquinaria reaparece y la mina vuelve a funcionar la semana siguiente.

Los folletos anunciando la presencia de estos grupos armados ilegales aparecen periódicamente en las puertas de los residentes de los barrios más pobres de Buenaventura. El grupo Águilas Negras ha distribuido panfletos dirigidos a las mujeres y las niñas, donde especifican qué tipo de ropa pueden usar y hasta qué hora pueden salir de casa por la noche. Nuestra oficina ha documentado el aumento de amenazas y de actos violentos contra estudiantes, líderes comunitarios, maestros, activistas de los derechos sobre la tierra o de la restitución de las mismas. Los asesinatos selectivos de líderes de la comunidad y las desapariciones forzadas van también en aumento.

Los grupos armados siguen exigiendo 'vacunas’ o impuestos de guerra a los residentes de la ciudad. Se han cometido asesinatos, violaciones y desapariciones de personas que se han negado a pagar. Es particularmente preocupante que los niños estén siendo coaccionados y reclutados.

El arte de la resistencia. Nos reunimos con un grupo de jóvenes artistas, la fundación Rostros y Huellas, formado por hombres y mujeres  afrocolombianos veinteañeros que han creado un movimiento de resistencia a la violencia y al desplazamiento. 

El JRS se ha asociado con esta organización para prevenir el uso y reclutamiento de niños en grupos armados.

Creada tras la brutal matanza de atletas y artistas de la comunidad local de Punta del Este [en la que fueron asesinados doce jóvenes en abril de 2005], la fundación trabaja con los niños de la escuela elemental de Buenaventura, utilizando herramientas audiovisuales, enseñándoles el derecho a vivir en paz y sin miedo.

Uno de los artistas describe con horror el secuestro y el descuartizamiento de los jóvenes líderes de la comunidad de este barrio.

"Decidimos que debíamos encontrar una manera de resistir", dice uno de los fundadores de Huellas y Rostros.

"Utilizamos la música, el arte, la poesía, el hip-hop y la danza. Nuestro objetivo es mostrar a los jóvenes de nuestra ciudad que hay personas que son más dignas de admiración que los guerrilleros, los mafiosos o los paramilitares que manejan nuestra ciudad. Esta es nuestra casa, y queremos un futuro mejor: sin feminicidios, sin injusticia racial ni desplazamiento. No creemos que sea mucho pedir".

Recordando el legado del ya fallecido obispo colombiano Gerardo Valencia Cano, que trabajó toda su vida en favor de la inclusión y la justicia para las comunidades afrodescendientes en la costa del Pacífico de Colombia, los miembros de Rostros y Huellas ponen su esperanza en un futuro en el que sus voces sean valoradas, sin el horror de la violencia, y sin los proyectos invasivos de desarrollo fomentados por el gobierno que dejan sin voz y sin hogar a las comunidades.

"Tratamos de dar voz a nuestra realidad", dice una de las fundadoras del grupo, una joven de veinte años.

Su misión me parece particularmente importante en este clima de miedo creado por los grupos armados, donde los asesinatos, las desapariciones, y las campañas de terror han creado un tiempo de silencio tenso y amargo.

Shaina Aber, adjunta para temas de advocacy del director del JRS USA

* Sus nombres han sido cambiados para su protección.

Colombia: una realidad diferente fuera de la ciudad

 
En Soacha más de 30.000 residentes han sido inscritos como desplazados en una ciudad con una población de 400.000 personas. Los desplazados llegan de todo el país, buscando seguridad y servicios en Bogotá, pero no pueden pagar el precio de un arriendo en la capital. (Christian Fuchs/JRS)

 
A medida que los grupos paramilitares ocupan más y más el paisaje urbano, el desplazamiento intraurbano se ha convertido en un problema creciente.  

Bogotá, 29 de mayo de 2012 - Es más fácil ser optimista sobre la situación humanitaria en Colombia desde los bulliciosos centros de Bogotá, Cartagena o Barranquilla. La prosperidad económica estimulada por un aumento de la inversión extranjera, la creciente clase media y la calidez general de los colombianos pueden darnos la sensación de que todo está bien, que los casi 50 años de guerra civil han quedado atrás y que poco a poco los grupos armados ilegales que dejaban el terror a su paso, han sido derrotados.

Sin embargo, basta salir de los límites de la ciudad de Bogotá y entrar en Soacha, un municipio con un crecimiento urbano descontrolado, caminar por los barrios de la ciudad portuaria de Buenaventura o cruzar los ríos Calima o San Juan, para ver una historia diferente, la de un país aún atrapado en una guerra civil, donde la seguridad - el derecho humano básico a pasar el día sin la amenaza de la tortura, el secuestro o la muerte - sigue siendo un grave desafío.

En Soacha, un municipio anexo a Bogotá, con una población de unos 400,000  habitantes1, más de 30.000 residentes han sido registrados como desplazados. Llegan de todo el país, buscando la seguridad y los servicios de Bogotá, pero no pueden pagar el precio de un arriendo en la capital.

Una iniciativa de la comunidad. Nos reunimos con el equipo del JRS, y con una persona desplazada, un líder decisivo, que ha enseñado a un grupo de 26 mujeres a usar técnicas de agricultura orgánica para mejorar la seguridad alimentaria de las familias de su barrio. Cada familia participante cuenta con una pequeña parcela de tierra en la que planta frutas, tomates, pepinos, hierbas y otros productos básicos.

El apoyo y acompañamiento del Servicio Jesuita a Refugiados también ha permitido a las madres de la comunidad seguir cursos de asistencia sanitaria de emergencia y planes de contingencia.

Nos sentamos en la parcela de doña Katia*, un jardín rodeado de orquídeas y bonsais, hierbas aromáticas, papayuelas, menta, calabazas y otros cultivos; un espacio verde que se yuxtapone a los erosionados peñascos que se levantan frente a un valle polvoriento. Los camiones con piedra arenisca circulan arriba y abajo por los caminos de tierra del valle. Su carga al aire libre y el polvo levantado por los neumáticos pronto nos cubre la piel con una capa de color cobrizo.

Doña Katia mira con preocupación a su hija de diez años de cuya garganta sale una tos ronca. Muchos de los niños de la comunidad tienen problemas pulmonares, que se atribuye al polvo que sale constantemente de las de 30 canteras que salpican el paisaje de Soacha.

Sólo un puñado de éstas tienen los permisos, el resto funcionan ilegalmente saqueando los recursos de la comunidad a la vez que contaminan el agua, erosionan la tierra y hacen el lugar más vulnerable a las inundaciones.

Escuchamos la historia de la participación cívica de la comunidad y de su trabajo con la alcaldía de la localidad para plantear sus preocupación por las amenazas y desapariciones atribuidas a grupos paramilitares, y por los problemas producidos por la minería ilegal.

El acceso a la atención sanitaria de calidad, una educación adecuada y los servicios para las personas desplazadas bajo un marco legal progresista en Colombia son las preocupaciones principales de la comunidad.

Presuntamente, las FARC, un grupo rebelde de izquierda, estaría todavía presente en las áreas rurales de los alrededores de Soacha, aprovechándose de la población local, exigiéndole el pago de impuestos para la guerra y tratando de reclutar a la fuerza a los jóvenes.

A medida que los grupos paramilitares ocupan más y más el paisaje urbano, el desplazamiento intraurbano se ha convertido en un problema creciente.

Shaina Aber, adjunta para temas de advocacy del director del JRS USA

*El nombre ha sido cambiado por razones de seguridad.

Según el censo de 2005. Otros informes recogidos en este viaje pondrían la población en un millón.



Siria: un centro del JRS ayuda a los iraquíes a comenzar de nuevo

 
El centro del JRS de Deir Vartan se encuentra en Midan, un suburbio en el corazón de Alepo, Siria. En este centro, el JRS ofrece una amplia variedad de servicios a los refugiados así como a sirios en situación vulnerable. (JRS)

 
El centro es como nuestro hogar. En cierta manera nos compensa por no tener nuestra familia. ¡Todo el mundo es tan abierto! Realmente sentí que valoraban a cada persona, independientemente de su origen étnico o confesión religiosa. Esto significa que la ayuda y el servicio se ofrece a todos sin distinción.  

Alepo, 28 de mayo de 2012 - Después de que su hija, Ghufran, recibiera un disparo en la pierna y su hogar y su negocio fueran atacados, Bassam Abdullah ya no pudo más y seis días después huyó del país. En 2010, tres años después, su esposa y sus cuatro hijos llegaron al centro de Deir Vartan del JRS, un golpe de suerte que cambió su vida.

En Iraq, Bassam estaba preocupado por la salud de sus hijos. Ghufran estaba traumatizada sobre todo por el ataque, y la incapacidad de su padre para evitarlo.
Ahora, Bassam es uno de los pocos iraquíes que han tenido la suerte de encontrar un trabajo y un espacio seguro para su familia, que fue la que le animó a entrar en el curso del JRS para sacarse el carné de conducir internacional.

"Tengo 47 años, y al principio pensaba que iba a ser difícil volver a estudiar de nuevo. Pero cuando llegué al centro me encontré con gente buena. Me sentía relajado, podía hablar libremente. Era como mi casa, en Iraq. Todo el mundo está encantado de apoyarte y ayudarte a salir adelante", dijo Bassam.

"El centro es como nuestro hogar. En cierta manera nos compensa por no tener nuestra familia. ¡Todo el mundo es  tan abierto! Realmente sentí que valoraban a cada persona, independientemente de su origen étnico o confesión religiosa. Esto significa que la ayuda y el servicio se ofrece a todos sin distinción", continuó.

Bassam está seguro que su familia se ha beneficiado realmente de este enfoque.

"Mis hijas han salido de su caparazón y se han hecho más abiertas y sociables, se sienten cómodas interactuando con sus compañeros. Mi hijo tiene nueve años, y antes solía ser muy insolente. Después de participar en las actividades de los niños se calmó, ya no grita y aprendió a decir gracias. Las actividades educativas del JRS han alentado a mis hijos a estudiar y a ser los primeros de sus clases en la escuela pública", añadió Bassam.

Con el apoyo de sus nuevos amigos, la vida profesional de Bassam también ha mejorado.

"Ahora estoy trabajando como contable... y mi trabajo es más fácil desde que terminé el curso de ICDL. Puedo usar Internet para aprender más y medrar en mi trabajo. En mi opinión, la ignorancia no es sólo no saber leer y escribir, también es no saber cómo usar un ordenador", afirmó.

Sin embargo, mirando el mañana, Bassam sigue preocupado por el futuro de sus hijos, y por la posibilidad de ganarse la vida decentemente.

"Nunca pensé en volver a Iraq. He perdido a todo el mundo allí. Mi madre ha fallecido y todos mis hermanos y hermanas están casados. Al principio, pensé establecerme en Siria, pero espero que me reubiquen en un país más seguro", dijo.

Zerene Haddad, JRS Oriente Medio y África del Norte


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[JRS Dispatches Espanol] Nº 318
Editor: James Stapleton